PEINANDO LA REGIÓN 2ª PARTE
A mediados de marzo, una mañanica preludio de la primavera que se nos venía encima, partimos un grupo de ajucarmeros para continuar peinando la región, que aunque ya la conocemos (debido al tiempo que tenemos), siempre se redescubre y, gracias a una estupenda guía, pudimos conocer los entresijos de Mula, Pliego y nos quedamos a las puertas de Bullas, que optamos dejar para otra ocasión, ya que tenemos toda la vida por delante.
Nuestra primera parada fue en Mula, para recorrer sus calles, admirar al propio tiempo las casas nobles y bien cuidadas de este pueblo, así como conocer sus museos.
La Casa Pintada, impresionante por fuera, y muy chula por dentro, con su escudo nobiliario, su trampantojo en la escalera y una bodega que evocaba tiempos anteriores en que se disfrutaron buenas viandas y mejores caldos.
Interesante resultó la visita a la Casa del Artesano, con representación de las labores realizadas con esparto, cerámica, sillas de anea, preciosas jarapas con los artilugios para su confección, y por supuesto, los tambores.
Al salir de allí nos dirigimos a la Plaza del Ayuntamiento, con su torre del Reloj, la iglesia de San Miguel con artesonado barroco y púlpito de forja. Anexo a la Iglesia se encuentra un museo de pinturas realizadas en madera, lienzo, cobre y cristal.
A la salida, admiramos un magnífico monumento al tamborista; tanto nos gustó que nos hicimos las correspondientes fotos a su alrededor.
No nos podíamos ir de Mula sin visitar el museo ibérico El Cigarralejo, con gran cantidad de restos arqueológicos procedentes de las excavaciones efectuadas en el yacimiento muleño que le da su nombre. Allí se pudo contemplar urnas funerarias, ajuares, jarras de cerámica, fusayolas y un sinfín de utensilios utilizados por el pueblo ibero.
Con los estómagos pidiendo algo de condumio, nos fuimos a Pliego a dar cuenta de una buena comida y bebida, que disfrutamos en buena armonía; y como no podía ser de otra manera, nos fuimos a bajarla un poco, paseando por Pliego, que nos sorprendió, con sus casas de fuertes y alegres colores y una preciosa iglesia de Santiago, que fue fotografiada debidamente como se demuestra en el álbum fotográfico.
De allí, a Bullas, a visitar el Museo del Vino, con un video que en su final nos dejó con la boca abierta, y los ojos que ya no sabíamos hacia donde dirigirlos, por la cantidad de tinajas, maquinaria, y demás pertrechos que utilizaban para la antigua elaboración de un vino que estamos seguros sabía a gloria.
Como este recorrido nos llevó bastante tiempo, decidimos volver a casa y dejar para otra ocasión, la visita a Bullas con el sosiego que se merece. TENEMOS TODA LA VIDA POR DELANTE.
Relato de: Mª Eugenia y Matilde
Album fotográfico: Mª Eugenia, en colaboración con Pedro y Juanjo.